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Pero mucho antes, millones de años antes, Alpuente no era como ahora. Sus tierras eran llanas y cenagosas, la cruzaban ríos y arroyos y no era interior, era la misma orilla de un mar que ya no existe. Allí, entre las marismas y en un hábitat perfecto pululaban los animales más grandes que han vivido en la Tierra: los dinosaurios.

Saurópodos, estegosaurios y terópodos tipo allosaurus, entre otras especies, pisaron Alpuente y dejaron su rastro, un sinfín de huellas petrificadas de aquellas codiosas bestias que el hombre no pudo ver con sus ojos, pero que la paleontología y el cine han reconstruido para asombro de propios y extraños.

Las huellas de Corcolilla, el único yacimiento visitable de Alpuente, pertenecen a varias especies y tamaños de dinosaurios y as hicieron al desplazarse sobre un sustrato blando como fango o arena que se rellenó de un sedimento diferente que las cubrió y protegió.
Estas huellas de tres dedos, de las almohadillas, las uñas y el talón han permitido el estudio del comportamiento de los dinosaurios de Alpuente, sus características físicas y la velocidad a la que se desplazaban de un lugar a otro.

El dinosaurio vivía en Alpuente y sus huesos y sus huellas son la prueba. La fuerza de esos fósiles hallados, rescatados y analizados minuciosamente por los paleontólogos y también de las huellas, han propiciado que Alpuente se erigiera en los últimos años en una suerte de paraíso soñado que comparten científicos y aficionados de toda España. A casi todos les puede la curiosidad, muchos casos son familias enteras, ávidas por desentrañar el secreto de cómo aquellos enormes y fascinantes dinosaurios vivieron hace 140 millones de años.

Nada menos que media docena de yacimientos de huellas y una docena de huesos fósiles posee el enorme territorio alpontino, una tierra gastada por el viento y el paso del tiempo pero que, aún así, exhibe profundas marcas de la Prehistoria. Hoy, ese universo perdido es reconstruido a través de las valiosas piezas desplegadas en un museo, que posee un esqueleto casi completo de un ejemplar joven e infinidad de huesos y de fósiles marinos y vegetales, un aulataller donde se restauran las momias y se almacenan huesos, dientes y garras de aquellos fabulosos animales, y también los yacimientos de icnitas, sobre todo el de Corcolilla, con más de un centenar de huellas cuyo tamaño oscila entre los 54 y 12 centímetros. Algunas pertenecen a dinosaurios herbívoros de pequeño y gran tamaño y otras, las más grandes, a carnívoros, más inquietos y
rápidos.
Los dinosaurios de Alpuente pertenecen al Jurásico, época que constituye el período de dominio de los grandes saurópodos, aparecidos en el Jurásico Inferior y que alcanzaron su máximo apogeo y diversificación en el Superior. Fue en esta época, además, cuando aparecieron las aves, aunque todavía no existía la hierba, ni se habían desarrollado las plantas con flores. Además, fue en este periodo cuando comenzó la disgregación progresiva de Pangea para ir llegando poco a poco a la distribución actual de los continentes.
Un hábitat perfecto y una placentera vida para los dinosaurios que acabó cuando un meteorito de 10 kilómetros de diámetro impactó junto a la península del Yucatán en Méjico y originó un cráter con una boca de más de 200 kilómetros de diámetro. Ese cataclismo ocurrido hace 65 millones de años acabó con la Era de los dinosaurios, añanó el camino para que los mamíferos dominaran el mundo y propició la final ascensión del ser humano en Alpuente y también en la Tierra.

Rutas de Senderismo por las aldeas de Alpuente.

La actividad agrícola y ganadera de Alpuente, la dificultad que antiguamente suponían los desplazamientos a la formación de numerosas aldeas en Alpuente como las de Almeza, Baidovar Campo de Abajo, Campo de Arriba, Canaleja, el Collado, Corcolilla, Cuevarruz, las Eras y el Hontanar, que están habitadas durante todo el año.

También hay otras como la Torre y la Carrasca que son segundas residencias y unas cuantas más como la Hortichuela el Chopo, Berandía, Vizcota, Cañada Seca y Pozo Marín que hoy están deshabitadas. La ruta senderista y ciclista de 45 kilómetros, recorre todas las aldeas habitadas de Alpuente y su dificultad es media y alta.
El camino, marcado con una seña blanca y roja con un dinosaurio y un castillo, se inicia en Alpuente y va hasta Las Eras, una aldea también conocida comco la del Obispo Hernández y que está a poco más de un kilómetro, desde ella se puede disfrutar de magníficas panorámicas de Alpuente, la Hoz, la Loma de San Cristóbal, el Barranco del Reguero, los huertos escalonados y el magnífico castillo alpontino.

Una caminata de siete kilómetros hasta la Cuevarruz, una aldea formada por tres barrios y que no sólo pertenece a Alpuente, también es del vecino municipio de La Yesa. La ermita de Sar José y un antiguo molino de viento sordos de sus edificios emblemáticos.
A poco más de dos kilómetros está la Almeza, desde donde se puede acceder a un bosque de sabinas centenarias, el único de la Comunitat Valencina y que se conoce como las Trabinas de Cañadas Pastores, y que es uno de los parajes naturales más bellos de Alpuente. El camino continúa ahora hacia Corcolilla donde se halla el yacimiento de fósiles prehistóricos. Muy cerca, en el Hontanar, una de las aldeas más pequeñas es obligada una vista a la ermita de San Cristóbal.
Un camino de casi cinco kilómetros lleva hasta el Collado, aldea que alberga el segundo castillo de Alpuente, el Castillo del Poyo, y la decimonónica iglesia de San Miguel Arcángel.
El tramo más largo del recorrido es el que une el Collado y Baidovar, otra hermosa aldea con una ermita levantada en honor de San Roque. La ruta abandona Baldovar para dirigirse a Campo de Arriba, la aldea más grande de Alpuente, y que posee una fuente dedicada a Santa Bárbara con agua que proviene de la montaña, de la Fuente que Nace, desde donde se puede disfrutar de una completa panorámica del valle.
Desde Campo de Arriba a Campo de Abajo, la última de las aldeas situadas en la parte sur de Alpuente y donde además de su ermita, la de San Isidro Labrador, se puede visitar el cañón.

El yacimiento de huellas de dinosaurios de Corcolilla, en Alpuente, fue declarado en el año 2006 Bien de Interés Cultural con categoría de zona paleontológica.

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