El pasado mes de noviembre el Castillo de Peñíscola, más conocido como el del Papa Luna, cumplió 700 años y las celebraciones para conmemorar el aniversario se prolongarán durante 2008.
El castillo de Peñíscola fue el último construido por la Orden del Temple antes de su desaparición y uno de los mejores conservados de esta Orden en España.
Su historia empieza en el siglo XII, cuando los musulmanes construyeron una fortificación donde hoy se alza el castillo, aprovechando un estratégico tómbolo. Jaime I el Conquistador toma la fortaleza que dona a Arnaldo de Cardona. Años más tarde, la propiedad del castillo vuelve a la Corona y es cuando Jaime II cede a los Templarios a cambio de Tortosa. La fortaleza, como la conocemos, empezó a construirse en 1294 y concluyó tras doce años de obras.
La Orden del Temple transformó la alcazaba árabe y la convirtió en castillo convento. Tras la disolución de la Orden del Temple en el año 1312 pasa a manos de Jaime II, rey de Aragón, quien dona la plaza a la Orden del Montesa en 1317. Los caballeros de la Orden de Montesa lo habitaron durante algunos años y se la cedieron a Benedicto XIII, el Papa Luna, quien establece allí su residencia. A su muerte el castillo pasa, por expreso deseo del Papa Luna, a la Santa Sede. Con Fernando el Católico, la fortaleza vuelve a manos de la Corona y es durante el reinado de Felipe II cuando adquiere una nueva fisonomía arquitectónica.
El Castillo comparte con el Vaticano y el Palacio de los Papas de Aviñón el privilegio de haber sido Sede Pontificia, una de las tres que ha habido a lo largo de la historia.
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