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Se ha realizado unas rutas turísticas en Ayora durante dos fines de semanas seguidos todo un verdadero éxito cultural, que para el año que viene quieren repetir. Contare sobre esa Señora que sin duda es la gran señora del Valle de Ayora y su vida en particular de aquella época.

¿No lo sabían? Pues, sí, se trata de la persona que deberíamos conocer todos: la misma que rotula la mejor calle de nuestro pueblo. Su nombre, Mencía; los títulos, Marquesa de Zenete y Duquesa de Calabría.

Mujer excepcional en muchos sentidos, especialmente para nosotros. Por que alguien de su alcurnia, hija del famoso Marqués de Zenete, D. Rodrigo de Vivar y Mendoza, virrey de Valencia, y de María de Fonseca, nieta del cardenal D. Pedro González de Mendoza y biznieta del aristócrata y célebre escritor Marqués de Santillana; poseedora de decenas de palacios, castillos y pueblos enteros (en España y fuera de ella), que escogiera para residir el Palacio-Fortaleza de Ayora, es un detalle que nos dignifica. No hay que olvidar que esta Villa y Castillo, aunque lugar de cierta importancia, estaba muy apartado de las rutas más transitadas.

Pero más curioso aún es que no solo residiera largas temporadas aquí, sobre todo en su primera juventud, sino que fuese también el lugar que eligió para celebrar su enlace matrimonial (en segundas nupcias), con el Duque de Calabria, D. Fernando de Aragón. Podemos imaginar lo que supondría celebrar una boda de tal categoría.

Cientos de invitados, las personalidades mas relevantes de los Reinos de Valencia, Aragón y toda España, junto a numerosas y altas dignidades de Flandes, porque en ella residió algunos años Dª Mencia y de allí fue su primer marido, Enrique de Nassau, con el que vivió 16 años. La ceremonia de la boda en Ayora se realizó en nuestra primitiva Iglesia de los “Altos” el 13 de Enero de 1541, tal como narra el escritor Jerni Soria en la crónica escrita en valenciano: Digous, a XIII de Giner, després de dinar, entra lo Dutch de Calabria, virrey de Valencia, ad dona Mensía de Mendosa; se esposaren en Ayora, terra de dita Marquesa. Diumenge, a XIII de dit, moltes dames y cavallers, jugaren lladridales al Real ab moltes antorchas que paresia de día. Dit día, apres dels BOUS, jugua a canues el duque de Calabria y moltes cavallers molt ben ataviats”. (He puesto, por mi parte, lo de BOUS en mayúsculas, para destacar que en 1500 ya se celebraban en Ayora los Toros con motivo de fiestas o acontecimientos notables, y más o menos, como los celebramos hoy. Lo que no sabemos es si nuestra Marquesa doña Mencia, o su mismo esposo, asomarían a las murallas y desde alguna de sus almenas gritarían a los ayorinos de entonces la clásica pregunta, aún no desaparecida: “¿Queréis Toros?”. Ante la indudable respuesta afirmativa de la masa del pueblo apiñada las estrechas calles de la villa, contestarían alborozados: ¡¡¡Pues si queréis toros, toros tendréis!!!

He dicho al principio de este escrito que doña MENCÍA merece nuestro máximo reconocimiento. Mencioné la predilección por Ayora, hasta para celebrar su misma boda. Pero no es esto lo más importante. La Marquesa hizo mucho más por este lugar. Se trata de nuestra IGLESIA parroquial, mejor joya de la Villa. Ella fue no solo la propulsora y mecenas, sino que llegó a tanto su querer por el pueblo y la Iglesia, que controlaba y corregía los mismos planos de arquitectos y artistas; el trabajo de maestros albañiles, pinturas y altares, y especialmente aprobó el diseño esa maravilla de la portada, única en su género por la depuración de líneas y proporciones. Lástima no pudiera verla terminada, pues falleció muy joven, a los 46 años, (1554). La Iglesia, tras varias interrupciones, por falta de dinero, se abrió al culto, totalmente acabada, en 1628. (La capilla es posterior, del siglo XVIII). Hay un tema muy curioso respecto a nuestra Iglesia Mayor, y es que según los últimos hallazgos, Joaquín Bérchez apunta una hipótesis (conforme a catas arqueológicas) demostrando que el proyecto inicial de esta iglesia no era de una sola nave,-como se hizo y está- sino de tres. Fuera así o no, lo que todos los arquitectos coinciden es que se trata de una iglesia culta y de cara construcción, muy bien proporcionada, de gran calidad en la piedra y su buena labra, inusual en su enclave geográfico.

Con todos estos pormenores sobre la construcción de nuestro templo, he intentado poner de relieve la gran cultura y sensibilidad que poseía nuestra marquesa. Conocedora de idiomas, en continuo trato con dos de las personalidades más descollantes de la época, Luis Vives, de la que fue alumna, y el gran Erasmo de Rotterdam, con el que conversaba y escribía constantemente. Fue, por otra parte, muy experta en arte, guardando en sus residencias y concretamente, en el Palacio del Castillo de Ayora preciadas colecciones de la mejor pintura del momento. Asimismo, en cuanto a la afición por los libros, era muy comentada y admirada en todas partes su extraordinaria biblioteca, sin duda la mejor de España. Otra más de sus múltiples aficiones fue la música como igualmente las artes escénicas. Recapitulando, se puede decir sin errar, que Dª Mencia encarno todas las virtudes del Renacimiento europeo, siendo como mujer, la más preclara de sus representantes.

Resulta lamentable, sin embargo, en plan local, y aludiendo a nuesfros tiempos, que siendo la Marquesa una mujer con tan marcada sensibilidad por todas las manifesfaciones artísticas, en no muy lejana ocasión, cuando se iba a inaugurar el actual y precioso Auditorio local, pensando alguna de las autoridades municipales ponerle el nombre más adecuado, se me consultó por una de ellas qué nombre le recomendaría, y yo dije ,sin duda alguna, que correspondía por muchas razones el de AUDITORIO DE DONA MENCIA DE MENDOZA, Marquesa de Zenete” (todavía más al estar el Auditorio al final de la misma calle que lleva su nombre). Hizo suya tal recomendación el regidor, proponiéndola al resto del Consistorio …pero fue denegada la propuesta.

Increíble, pero cierto. Otros grupos políticos desestimaron el bonito, eufónico y adecuado nombre, prefiriendo ponerle el vulgar letrero -en todos los sentidos- de Auditorio Municipal, que para peor forturna hasta se ha caído.

Vale. Dejando a un lado el reproche, la verdad es que nos falta a todos, en general, rendir un gran homenaje a las más grande de nuestras figuras. Haberle dedicado nuestra mejor calle (muy bien hecho, por quien lo hiciese), pero deberíamos realizar mucho más. Porque la epoca que nos rigió Dª Mencía es el tiempo mas floreciente que he tenido esta Villa, con gran diferencia sobre todos los demás. Aparte de lo relatado anteriormente, también trazó lo que sería la actual Ayora, con lo más bonito del pueblo, elogiado por cuantos han escrito de él. Es el encuadre y conjunto de la Plaza Mayor, callejones y calle de la Marquesa. Todo ello, trazado y ejecutado sobre el año 1500, es un privilegio y honor. No sin exageración, se dijo por alguien muy cualificado que esa calle de la Marquesa era la mejor del Reino, incluida la capital. Así como suena.

Llegados al final… nos queda por decir ¿Cómo era en realidad, personalmente, doña MENCIA? Sabemos de sobra sus méritos, más siendo mujer en aquel tiempo donde ser mujer era menos que nada. Y ella fue mucho, en distintos órdenes. ¿Pero, y en el suyo, real e íntimo? Por lo leido y deducido, resulta claramente que fue una mujer desdichada. Casada la primera vez a los 15 años con alguien bastante mayor predeterminado por la familia y el mismo Rey. El era de Flandes y tuvieron que estar separados bastante tiempo. Murió el esposo Enrique de Nassau, no tuvieron hijos a pesar de los continuos intentos, todos fracasados, debido en parte a la quebradiza salud de ella. Quiso casarse de nuevo y convinieron en asignarle a Fernando de Aragón Duque de Calabria, pero él no accedía, a pesar de ser Mencía el mejor partido” de su tiempo. Ultimamente se había puesto muy gorda, gordísima; debían vestirla entre cuatro asistentas y ayudarle a andar otras tantas. No era ya físicamente atractiva. Al fin, Fernando consintió por los oficios del Emperador, Carlos V, y por la enorme fortuna de ella. Tampoco tuvieron descendencia.

Es penoso, sin duda, que esta gran Señora tuviese familiarmente una vida tan desgraciada. Pero debemos pensar que lo realmente válido de cualquier persona, en cuanto a la posteridad, no es que haya vivido mejor o peor, feliz o menos feliz, sino el haber realizado en su existencia una labor beneficioso para la comunidad en que ha vivido. Más meritorio, si la bondad de sus hechos se extiende a otros ámbitos Por ello, si a cada uno se nos ha de juzgar por nuestras obras, Doña Mencía se merece nota de sobresaliente, particularmente por Ayora.

Esperemos que nuestro agradecimiento llegue de algún modo a doña Mencía, y no ocurra como en su vida sentimental: que Ayora sea otro más de sus contrariados amores.

Villa de Ayora

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